Agonía de Luis Alvarez Petreña

Volví después del té, a hurtadillas, como siempre, aprovechando que las enfermeras andaban rodeando al médico que hacía su visita dos salas más allá. Me hizo señas, con los ojos, para que me sentara al lado de su cama.
- ¿Sabes lo que he tenido? Tiempo. Tiempo para hacer el amor. Entiéndeme : tiempo para rondar alrededor del amor. Ahora nadie tiempo para nada. Por eso la humanidad ha venido a ser lo que es. Parecía que, a medida que pasaba el tiempo, la gentes iban a entenderse mejor, que habría menos guerras al reducirse los idiomas, al acercarse las gentes, al comprenderse, al traducirse. Y resultó lo contrario. Nunca hubo tantas guerras ni tan mortíferas. Menos mal, sin eso no cabríamos. Ahora nadie tiene tiempo para nada : a las ocho aquí, a las nueve allá, a las diez con éste, a las once con aquel otro; almuerzo con Fulano; Zutano viene a tomar café; una copa con Mengano; ceno con un amigo al que no puedover, etc. A nosotro, no. Tú, no lo sé. Yo, sí. Guardo y resguardo mi tiempo como cosa primordial. Bueno, lo resguardaba... Primero privarme de cualquier cosa que carecer de tiempo para perderlo. Y eso, como sabes, sin ser rico. Hay ricos que tampoco saben cómo perder el tiempo. Que no pueden perderlo : por eso son ricos. Para hacer el amor hay que tener el tiempo y saber perderlo. Por eso hoy el amor carece de importancia. La ha perdido. El amor está hecho de tiempo perdido. No te hablo de acostarte con Fulana o Mengana al revuelo de una puerta o de un colchón, como lo hicimos en nuestra juventud con X o Z, fueran de la clase que fueran, decentes o no. Hacer de verdad el amor, es decir: mirarse interminablemente los ojos en los ojos. Tener tiempo para mirarse interminablemente los ojos en los ojos. Acariciarse sin fin, sin límite de tiempo. Meterse mano horas y horas. Sentir cómo no pasa el tiempo, pasando. No darse cuenta de nada. Dormirse en la suerte. Tener la suerte de dormirse sintiéndose vivir exclusivamente en las palmas de las manos; dar prendas de amor, tratarse con ternura, sin carantoñas ni esguinces, tratarse blandamente. Ahora todo es almuerzo con Fulano, ceno con Mengano, salgo con Zutano. Nosotros, no. Tú, no lo sé. Yo, sí. Guardé y resguardé mi tiempo como tesoro. Primero privarme de cualquier cosa que carecer de tiempo, para perderlo. Y eso, como debes saberlo, sólo puede hacerse si uno no es rico. Los ricos no saben perder el tiempo. Para hacer el amor hay que saber perder el tiempo. - ¿Se repetía? ¿Desvariaba? ¿O no hay diferencia de lo uno a lo otro?-. Por eso hoy el amor ya no tiene importancia. Ha desaparecido, ha ido desapareciendo por falta de tiempo. No te hablo de acostarte con Fulana o con Mengana... Lo hicimos con la que se dejaba meter mano valerosamente; meter guerra, hacerla alzar bandera, hacer gente. Pelear, con esfuerzo o sin él. No. Hacer de verdad el amor: es decir, mirarse interminablemente los ojos en los ojos. ¿ Ya te lo dije? Tal vez no pienso en otra cosa. Sentirla. Meterle manos horas y horas  hasta pasearle la calle y pelar la pava. Ya no; ahora bailan, beben, toman píldoras y se van a la cama. No digo que no sirva, que sea peor. Pero es otra cosa.
Como es natural, le faltó huelgo.

M. A.

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